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De la grieta a la burbuja, de la burbuja a la grieta

  • elceiboportal
  • 28 jun
  • 4 min de lectura

Por Aldana Azcué

Las transformaciones del capitalismo neoliberal y el impacto de la pandemia dieron lugar a nuevas subjetividades individualistas que erosionan los lazos colectivos y, con ellos, los fundamentos mismos de la vida democrática. Un aporte para el análisis de estos nuevos tiempos bajo la lupa del contexto sociodigital donde se forjó: un éxito electoral generado desde las oscuridades del internet.


Para entender dónde estamos parados necesitamos retroceder un poco para mirar al fenómeno con perspectiva. Luego de la lectura del libro Desquiciados, coordinado por Alejandro Grimson, retomaré la voz de Marina Franco, historiadora e investigadora del CONICET, quien además es autora del noveno capítulo del libro, titulado "El final del pacto del Nunca Más". En él analiza cómo las transformaciones del capitalismo neoliberal y el impacto de la pandemia dieron lugar a nuevas subjetividades individualistas que erosionan los lazos colectivos y, con ellos, los fundamentos mismos de la vida democrática.

 

En sus comienzos, las primeras redes socio digitales vinieron a proponernos la ilusión de la unión del mundo entero. Con la aparición y rápida masificación de Facebook nos dimos cuenta de que teníamos el mundo al alcance de nuestra mano, un mundo nuevo digital repleto de fotos de amigos, de sus comidas, de los primeros memes, los primeros likes, publicar lo que estábamos pensando en tu muro, buscar y conectar al primo lejano que vive en la otra punta del país, etc. Empezamos a saber qué hacían, comían, pensaban, cómo se veían nuestros amigos.


En un determinado momento dejaron de ser una especie de mundo ideal donde convivimos todos de manera pacífica. Cuando se dieron cuenta de que se podían hacer grandes negocios con ese nuevo mundo digital se empezaron a crear modelos algoritmos que, a partir de los datos de cada usuario, hicieron que ese lugar en común deje de ser habitado por todos y empiece a adoptar contenido específicamente pensado para cada uno. Aparece el para ti, una sección de contenidos personalizados que funciona como un amplificador de tus propias creencias, pensado y diseñado con el único propósito de mantenernos adictos en un scrolleo infinito del que se hace cada vez más difícil salir. Entonces se empiezan a pensar que estos algoritmos generan burbujas digitales donde cada punto o usuario de la cada red socio digital


Hasta ahora no estoy más que dando información básica del funcionamiento de las redes sociales, pero si me interesa profundizar en la idea de ¿qué sucede cuando estas burbujas algorítmicas en la que se encuentra cada usuario-ciudadano, se enfrenta con aquello que no está específicamente diseñado para él?, ¿cuándo descubren que hay un otro que piensa exactamente lo opuesto que vos? Por supuesto, no estoy diciendo que nunca hubo diferencias ideológicas, pero lo que sí es novedoso es la manera en la que se nos presenta la igualdad y la diferencia. En el mundo pre redes socio digitales no te gustaba como pensaba tu amigo pero se juntaban a charlar igual. Hoy las distancias son exponencialmente más grandes y se hace cada vez más difícil encontrarnos en espacios comunes.


La polarización, propia de las burbujas algorítmicas, generan conductas y subjetividades nuevas. Si bien la grieta ya existía, ahora el otro es alguien a quien hay que eliminarlo porque NO LO PODEMOS COMPRENDER. Nos sacaron de la plaza y nos metieron en rectángulos al alcance de la mano, que nos drenan los anticuerpos que se encendían al encontrarnos en terrenos ajenos pero donde rápidamente algo nos conectaba en humanidad.


Marina Franco, autora del noveno capítulo de Desquiciados, en “El final del pacto del Nunca Más”, explica que “las mutaciones del capitalismo, sus lógicas neoliberales y la experiencia de la pandemia han nutrido nuevas maneras de estar y ser en el mundo: subjetividades individualistas basadas en la celebración de la capacidad de sobrevivencia individual”. ¿Cómo pretendemos que haya democracia en un mundo así de fragmentado?


Estamos asistiendo a una era dominada por el sálvese quien pueda, donde la materialidad de la rutina diaria nos pesa cada vez que vamos al supermercado y hacemos malabares para que alcance para lo justo y necesario. Donde nos juntamos cada vez menos con nuestros amigos por la falta de tiempo o de plata. Donde nos están ajustando como nunca pero a nadie parece importarle lo suficiente. Es un dolor diferente. Es tanto el daño que nos están haciendo que no sabemos por dónde empezar a construir la alternativa. Lo que tiene de diferente esta crisis es la particularidad de que nos fue advertida. Nos avisaron de manera muy explícita lo que nos iban a hacer y lo votaron igual, eso es lo novedoso.


Según la revista Democracia TKM “en la Argentina, encuestas muestran que porcentajes crecientes de la población está insatisfecha con la democracia y que crece la disposición a aceptar soluciones autoritarias si resuelven problemas urgentes”. Si seguimos esta línea de pensamiento, nos volvemos levemente optimistas en cuanto al futuro del pacto democrático, porque ello implicaría que la sociedad pudo haber votado conforme a su bolsillo, y no tanto porque la fórmula representaba fielmente sus valores e ideología.


Para concluir, me parece interesante retomar lo que propone la revista mencionada, donde analizan que “esta crisis no se resuelve sólo con reformas institucionales: hace falta fortalecer la confianza, el respeto y la voluntad de vivir juntos en la diferencia. La cultura democrática, en este sentido, es un antídoto contra la apatía, la polarización y el desencanto”.


Hace poco murió el Indio Solari, líder de multitudes. En la cobertura de su masivo velatorio una señora fue a “reírse” de los fanáticos y sin embargo admite durante la transmisión en vivo del móvil que se sorprendió por haberse encontrado con algo totalmente diferente a lo que probablemente el mismo canal le dijo que iba a encontrar.


Seamos más como esa señora. Salgamos a la calle y tengamos el valor de dejarnos sorprendernos por la humanidad en común. Encontrémonos en el ejercicio de romper con la idea de que el que piensa diferente a nosotros es el enemigo porque no, el enemigo está mucho más lejos. El enemigo es el de arriba, no el de al lado que vota diferente.


Necesitamos construir un país para quienes vivimos acá y sobre todo para que podamos vivir acá, dignamente. No nos merecemos ser víctimas del payaso de turno. Nos vemos un país donde hay un modelo político que piense en políticas a largo plazo, no para ganar elecciones. Necesitamos un representante que construya un país para las mayorías. Quizás soy muy optimista e ingenua pero todavía sigo pensando que un país mejor es posible.


La foto es solo ilustrativa.

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